¿Un nuevo smartphone? Mejor un Fairphone.

ColtanImaginemos que un cliente entra a una tienda de móviles de última generación y se interesa por un modelo concreto de smartphone. La conversación con el vendedor podría ser la siguiente:

– Me interesa, pero, ¿con qué versión de sistema operativo está equipado?
– La última disponible de Android, por supuesto. Más potente y equipado que nunca.
– ¿Y está preparado para las nuevas conexiones 4G?
– Desde luego: hasta 1Gbit por segundo.
– ¿Y sus componentes electrónicos han sido adquiridos a guerrillas del Congo que han masacrado aldeas, asesinado a niños y violado mujeres?

Ésta pregunta es la menos probable de las tres, aunque es la más importante para el consumidor. O debería serlo.

La imparable minutiarización de los dispositivos electrónicos, unidos a la voraz demanda de prestaciones del público, disparó a principios de nuestro milenio la demanda de un material no renovable, escaso y de alto interés estratégico: el Coltán, o mineral de columbita-tantalita, de donde se extrae el Tantalio. Este elemento químico se emplea principalmente en la fabricación de capacitores de tamaño reducido y alta fiabilidad, como los usados en airbags, GPS, portátiles y los teléfonos móviles. Aunque es un mercado que mueve miles de millones de dólares al año, está completamente desregulado: no existen estándares mineros, mecanismos de control ni transparencia.

Más del 60% de las reservas mundiales de Coltán están en la República Democrática del Congo, aunque algunos estudios elevan esta cifra a más de un 80%. Durante la segunda guerra del Congo, entre 1998 y 2003, las milicias paramilitares del Congo se financiaron con el tráfico de Coltán hacia Uganda, Burundi y Ruanda, recrudeciendo el conflicto y, por tanto, las terribles violaciones a los derechos humanos que tuvieron lugar.

Además del coste humano, los yacimientos mineros del Congo suponen también un importante riesgo medioambiental, dado que algunos están ubicados en áreas de una gran biodiversidad e importancia ecológica. Muchos ríos han quedado irremediablemente contaminados, y la población de gorilas de las proximidades de las zonas mineras ha sido gravemente diezmada.

Además del Coltán, otros minerales como el Wolframio o el Estaño, también usados en dispositivos electrónicos, son objeto de extracción descontrolada y tráfico ilegal en la República Democrática del Congo y otros estados africanos.

Como con otros conflictos humanos y medioambientales, el consumidor occidental tiene recursos para reducir su responsabilidad. Alargar la vida de los dispositivos, recurrir a la reparación en lugar de la sustitución o evitar la adquisición innecesaria contribuyen a reducir la demanda, y por tanto la explotación descontrolada, de estos recursos. Los cuerpos legislativos de los estados consumidores y las organizaciones del comercio tienen también la responsabilidad de monitorizar el papel de las empresas en este negocio global, incorporando mecanismos de control y auditorías.

Pero también hay empresas que han decidido ofrecer al consumidor un modelo alternativo de negocio: la electrónica responsable y sostenible. Su último representante es la empresa FairPhone (Fair = justo), especializada en dispositivos móviles de prestaciones comparables a las de otros fabricantes, pero en cuya fabricación no se han usado componentes que contribuyan a los conflictos bélicos o la explotación humana. Se intenta minizar el impacto medioambiental, se ofrece una transparencia económica total y se anima a la ingeniería inversa de sus productos.

Aunque los retos y desafíos que la globalización económica y las desigualdades sociales imponen a la construccón de un mundo más justo, el hecho de que toda una compañía sustente su filosofía corporativa en la justicia social y ambiental es motivo de esperanza. El paso siguiente es que la presión de los consumidores empuje a que sus gigantescos competidores les imiten, y eso está únicamente en nuestras manos. Además de consumidores, somos sus clientes, y ése es nuestro poder. Al fin de cuentas, sin nosotros, no serían nada.

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